jueves, 26 de diciembre de 2013

Crónicas de un vuelo demorado


En la entrada anterior, tips para volar a Chicago en invierno, les dí el consejo de comprar vuelos directos o al menos con conexiones en ciudades que generalmente no suelen tener cancelaciones de vuelos por nevadas o cosas parecidas. Creo que el consejo se explica por si solo, pero si quieren una pequeña anécdota, ¡escuchen (lean) a la voz de la experiencia!

En abril pasado (y sí, escribí ABRIL, ¡ya nisiquiera era invierno!) tenía un vuelo de Chicago a San Diego via Denver. Mi vuelo era hasta las 3 de la tarde, pero como el aeropuerto de Midway nos queda fuera de ruta, lo más conveniente era tomar mi trenecito en Arlington Heights a las 8:30 de la mañana e irme con mi maleta en tren hasta Chicago y de ahí en metro ("L") hasta Midway. Llegué como con cuatro o cinco horas de anticipación, así que me dediqué a recorrer todas las exposiciones que me encontré, creo que leí unas cuantas revistas y no sé qué tanto más hice en esas horas de ocio, hasta que me dirigí felizmente la sala de espera. La sonrisa se me esfumó cuando recibí el aviso de que nuestro vuelo saldría con dos horas de retraso porque el aeropuerto de Denver estaba paralizado a causa de una nevada. Así que podíamos despegar pero no aterrizar y por ello nos teníamos que quedar en tierra. Al menos eso significaba que mi vuelo de conexión también estaría demorado, por lo que de todas formas conseguiría llegar hasta San Diego ese mismo día.

No recuerdo qué hice en esas dos horas, pero volví muy puntualita a las 5 pm para abordar el vuelo. Ahora sí, comenzaron a llamarnos grupo por grupo. Todos tenían cara de fastidio pero ya se sentía alivio en el aire. Yo estaba en el último grupo de abordaje y cuando quedabamos unos diez pasajeros por abordar, nos notificó la chica del mostrador que había cambios y que no abordaríamos hasta dentro de dos horas más. A los pobres pasajeros que ya habían abordado los pusieron de patitas en la sala de espera con todo y su equipaje de mano. Ni modo, seguía la nevada en Denver.

Dos horas después nos llamaron para abordar nuevamente. Estábamos algo incrédulos, pero la señorita del mostrador nos aseguró que había confirmado que el aeropuerto de Denver ya había reanudado operaciones. ¡Yupiiii! Y ahí vamos todos pa'rriba otra vez. Todos los pasajeros acomodaron sus maletas en los compartimentos superiores o debajo de sus asientos, dejamos pasar a los de los asientos de las ventanillas, aguantamos a los niños llorones que no se querían sentar en su lugar, mucha gente ya estaba con el cinturón puesto para despegar y entonces...

"Estimados pasajeros -era el capitán-, el vuelo saldrá con una hora más de retraso". En mi mente ya me imaginaba que volarían insultos, tomates, vómitos de niños, maletas y demás artículos por todo el avión, pero procedió inmediatamente a indicar que Denver, en efecto, había reanudado operaciones, pero ahora había comenzado una tormenta eléctrica en Chicago. Así que ya podíamos aterrizar, pero ahora no era posible despegar.

Así que en una acción casi digna de inspirar una película de Woody Allen, nos pidieron que -nuevamente- abandonaramos la nave. Probablemente como un instinto de supervivencia del personal de tierra (porque el capitán astutamente se encerró en su cabina), esta vez nos permitieron permanecer en el avión, si así lo queríamos, o podíamos volver a la terminal sin necesidad de bajar todos nuestros tilichitos del avión.

Ni modo, a esperar una hora más. Verifiqué mis conexiones, me aseguraron un lugar en el vuelo de las 11 de la noche, pero como tenía solo 20 minutos para conectar, me aseguraron otro lugar en el de las 3 de la mañana. Me baje del avión, ¡el ambiente se sentía saturado de mala vibra! Y como mi pancita comenzaba a tratar de dialogar en voz alta, me fui a comer una sopa a Potbelly (por cierto, ¡altamente recomendable!) y regresé a la sala justo a tiempo. Todos los pasajeros seguían sentados en la sala; no habían llamado al abordaje.

Todavía me mantuve optimista, pues el abordaje no debía tomarnos más de 15 minutos puesto que ya todas las maletas estaban en el avión. Solo era cuestion de entregar el pase, sentarse y ponerse el cinturón. Mantuve las esperanzas por 15 minutos más.

Dadas las circunstancias y los cambios de última hora que hacían, decidí mejor volver a casa y tomar el vuelo dos días después. Inocentemente entré al avión, bajé mi maleta de los compartimentos de equipaje de mano, y comencé a caminar por el pasillo del avión hacia la salida. Después de escuchar algunas expresiones de "¿qué? momento, ¿por qué se va?, ¿se canceló el vuelo? ¡Dios mio!" me di cuenta del susto que le pegué a los demás pasajeros. Ya expliqué que me iba porque ya no alcanzaba a hacer mi conexión, pero hasta donde yo sabía, el vuelo seguía vigente. Posiblemente esa combinación de enunciados salvaron la vida del inocente chico del mostrador, que con su mejor sonrisa tuvo que iniciar su turno con este grupo de pasajeros gruñones.

Y así fue como por primera (y espero que sea la última) vez, el clima arruinó mis planes de viaje. Como una nota importante para aquellos a quienes les aterra volar a Chicago en invierno por miedo a que les cancelen los vuelos, yo he venido unas 10 veces en temporada de invierno y NUNCA he tenido problemas. El caso descrito en esta entrada ha sido el único y fue en abril, cuando ya estaba bien entrada la primavera.

Finalmente, la moraleja de esta historia: un vuelo con escala en el lugar equivocado a la hora equivocada puede llegar a arruinar tu itinerario de viaje. ¡Mejor compra vuelos directos! (o con escalas donde el clima y los aviones están en santa paz.)

¡Felices viajes!

lunes, 23 de diciembre de 2013

Tips para volar a Chicago en invierno

¡Hola! Sé que les debo muchas entradas pero estas últimas semanitas me han mantenido algo ocupada (¡me acabo de casar! ¿Qué tal?), pero aquí estoy nuevamente con ustedes. He visto diversas preguntas sobre qué tan conveniente (o más bien, inconveniente) es visitar Chicago en invierno, por lo que decidí escribir un par de entradas al respecto.

Evidentemente, si tienen la posibilidad de visitar Chicago en cualquier otra época del año, ¡vengan en otra época del año! En mi opinión, la primavera y el otoño son las mejores temporadas, pues en verano hace un calor infernal (cuando yo llegué aquí estaba haciendo más calor que en Mexicali, BC, quienes han oído de Mexicali sabrán bien a qué me refiero) y la ciudad se satura de turistas. En verano la espera para visitar la torre Sears puede ser de más de dos horas (una nota: oficialmente se llama Willis, ¡pero nunca la llamen así frente a la gente de Chicago! Yo cometí ese error una vez y no me quedaron ganas de volverlo a hacer).

Pero si la cuestión es visitar Chicago en invierno o no visitarlo jamás, ¡definitivamente deben venir! Ciertamente hace frío, no les daré falsas esperanzas, pero los días no dejan de ser bonitos; el sol brilla, el cielo está despejado, las fotos salen divinas...

Chicago en invierno por Marcela Abrach
Chicago en invierno

En mi opinión, noviembre y febrero son agradables si vienes bien abrigado; diciembre es muy difícil de predecir pero generalmente también se está bastante bien; enero... ¡ay nanita, enero!, pero si no hay de otra...

Prometo escribirles algunas entradas con lo que no debe faltar en sus maletas si piensan visitar Chicago (o cualquier otra ciudad con clima extremo) en temporada de frío. La verdad es que si traen el equipo necesario no tienen por qué sufrir (demasiado, al menos).

Mi preocupación principal es la cancelación o demora de vuelos por el mal clima. Es una situación que no se puede predecir ni controlar, pero sí puedo darles unos consejos para aumentar sus probabilidades de llegar a Chicago el día que planearon (aunque tal vez sea 20 horas después de lo agendado):

1) Cuando vayan a comprar su vuelo, revisen qué tantos vuelos tiene esa aerolínea para ese día. Recuerden que si hay alguna demora o cancelación, la aerolínea tratará de acomodarlos en los siguientes vuelos. Mientras más vuelos, más probabilidades de obtener un asiento.

2) Si tu plan es viajar en la mañana, elige un vuelo lo más temprano posible. Sí, yo sé que es pesado levantarse a las 4 am para tomar un vuelo a las 7, pero considera que si tu vuelo es a las 7 y es cancelado, la aerolínea tiene como 10 horas para acomodarte en otro vuelo y que llegues a Chicago todavía el mismo día. Si tu vuelo es hasta las 6 de la tarde, la aerolínea solo tendrá unas tres horas y vé tu a saber cuántos pasajeros estén ya en lista de espera.

3) Si tu aerolínea ofrece la opción de tomar un vuelo antes o después o el mismo día (siempre sujeto a disponibilidad), toma esa opción aunque te cueste un poco más. Si para el día de tu vuelo está pronósticado clima conflictivo, al menos tendrás prioridad sobre otros pasajeros que no comrparon esa opción.

3) Compra dos vuelos sencillos (uno para la ida y otro para la vuelta) en vez de un vuelo redondo. Sé que puede sonar algo absurdo, pero veamos si piensas lo mismo después de este pequeño recuento: en alguna ocasión compré un vuelo redondo con American Airlines y desafortunadamente perdí mi vuelo de ida. Entré a Travelocity y descubrí que Continental tenía un vuelo baratísimo y que salía en dos horas. ¡Genial! Por fortuna antes de comprarlo fui al mostrador de American para ver si acaso me podrían acomodar en otro vuelo, ¿y qué creen? Sí, me acomodaban en otro vuelo, sin costo, pero hasta las 3 de la tarde. Le agradecí a la señorita y (afortunadamente) le dije que compraría el vuelo con Continental, a lo que me dijo "noooo, si lo haces así, perderás tu vuelo de regreso." ¿Quéee? Pues sí. Como tenía el vuelo de ida y vuelta, si American Airlines no registraba mi llegada, daban por hecho que no había llegado a Chicago y por lo tanto se cancelaba automáticamente mi vuelo de regreso. Entonces dije "bien, llegando a Chicago me presento en el mostrador de AA y les digo 'hey, aquí estoy' y así me lo respetarán". Ella respondió que sí, así sería, después de que me cobraran 150 dólares por cambiar mi vuelo de redondo a sencillo MÁS la diferencia de tarifa. ¿Pero cuál diferencia de tarifa si tomaré exáctamente el mismo vuelo de regreso? Supéralo, cambios son cambios, y el cambiar un boleto de redondo a sencillo implica pagar la tarifa vigente aunque sea el vuelo que tenías originalmente porque, para ellos, no es el mismo vuelo: tú tenías un vuelo redondo y ahora es sencillo. Para concluir, si decidía irme con Continental, tendría que pagar cerca de 500 dólares para tomar mi vuelo de regreso. Al final me quedé en San Diego hasta las 6 pm y salí en un vuelo de American Airlines para no tener que pagar esas babosadas. ¡Menos mal que fui a preguntar antes de comprar el vuelo de Contiental! ¿Cómo podría haber evitado todo esto? Dando unos cinco o seis clics más al ratón para comprar dos vuelos sencillos en vez de uno redondo (cuando son vuelos domésticos, generalmente te cuesta lo mismo). Ahora, lo más probable es que si la cancelación de vuelos se debe al mal clima, tu mejor opción será esperar a que ellos te acomoden en otro vuelo. Pero si encuentras una salida alterna, ¿no sería bueno no tener que preocuparte por tu vuelo de regreso?

4) Elije vuelos directos o por lo menos con conexiones en puntos donde el clima generalmente no representa un problema. Algunas de las ciudades que me vienen a la mente son Panamá, Miami, Guadalajara y Ciudad de México. ¡Les contaré otra de mis anécdotas en otra entrada!


Estos son los consejos que se me vienen a la mente y en realidad aplican para cualquier vuelo en época invernal (o de tornados en El Caribe, ¿por qué no?) a cualquier ciudad. Es probable que tengan que pagar un poquito más para tener boletos con las características que les he mencionado, pero seguro la diferencia en precios será menor al cobro de una noche de hotel por no cancelar con 24 horas de anticipación, o la tarifa del taxi para volver a casa porque no pudieron salir el mismo día, entre otras cuotas inesperadas que se puedan presentar. Espero que el clima sea amable con ustedes y sus vuelos y estos tips resulten innecesarios, pero un par de precauciones nunca están de más, ¿no creen?

¡Felices viajes y felices fiestas!

viernes, 11 de octubre de 2013

Un día en la vida de Marce...



En esta entrada no les platicaré nada interesante de Chicago, solo un recuento de las cosas “raras” que a veces me pasan, aunque en ocasiones parecen ser más la norma que la excepción, y que a menudo tienden a divertir a mis amigos. La relevancia con  mi blog es que explica cómo elegí el tema de la próxima entrada. Aquí va.

Ayer era una mañana cualquiera de octubre, me levanté más temprano de lo esperado y cuando mi amorcito corazón (que también es mi amable chofer) me dijo que quería irse más temprano de lo habitual a trabajar, vi una excelente oportunidad de visitar el Museo de la Ciencia e Industria de Chicago. He querido visitar este museo desde hace casi cuatro años, pero queda al sur de la ciudad y sin auto me toma cerca de dos horas llegar hasta allá. Así que ahora que saldría en el tren de las 8:30 en vez del tren habitual de las 9:30 tenía una excelente oportunidad. ¡Yupi!

Salimos con el tiempo justo pero suficiente para alcanzar el tren. Astutamente evadimos la zona de construcción de la avenida principal para evitar retrasos. Salimos a la segunda avenida principal creyéndonos los amos y maestros de los atajos, solo para descubrir que la construcción seguía más allá de lo que habíamos calculado. En fin, llegué cinco minutos tarde a la estación y ahora tenía que matar casi una hora hasta que llegara el siguiente tren. Adiós Museo de la Industria (y su respectiva entrada en este blog).

Como buena curiosa que soy, se me ocurrió ir a la biblioteca. Llegué felizmente y después de enojarme con la puerta por no abrirse automáticamente, me di cuenta de que no era una puerta grosera, sino que la biblioteca todavía no abría. Me senté tranquilamente en una banquita a esperar casi veinte minutos.

Finalmente, la biblioteca abrió y me recibió con la sorpresa de que no tenían el DVD yo que quería. Me quedé bobeando de todas formas hasta que llegó la hora de volver a la estación.

Caminé de regreso y cuando estaba ya a unos pasitos de la estación, escuché las campanitas de que el tren estaba llegando y dije “¡wow, qué precisión la mía!”. La sonrisa se me esfumó cuando recordé que era un día laboral, que la taquilla sí estaba abierta y que si no compraba mi boleto en la estación tendría que pagar tres dólares de multa por subirme al tren sin boleto. ¡Demonios! Ni modo, córrele a la taquilla ¿y para qué? Para encontrarme con que el cajero no estaba en su lugar. Bonito momento para ir al baño o por su cafecito o qué sé yo. Ni modo, tuve 55 minutos para comprar el boleto y me acordé cuando me quedaba un minuto. Igual, el taquillero tuvo 55 minutos para ir al baño pero no, tenía que espera hasta que yo tuviera prisa por comprar mi boletito. Un día en la vida de Marce…

Pues bien, me multaron y ni modo, al menos ya iba en el tren. Entonces saqué mi adorable juguetito nuevo (una bonita Tablet con 4G que me hace creerme la "muy muy") y me puse a revisar los recorridos de la Fundación de Arquitectura. Mi plan original (antes de improvisar lo del museo) era tomar un recorrido con ellos a las 11 am, pero ¡oh sorpresa!, no lo encontré en la página. Probablemente me había confundido de día, pero no importaba porque había un recorrido del Rookery (uno de mis edificios favoritos) a las 12:15. Sí, ¡mi siguiente entrada del blog sería sobre el Rookery!

Me fui a la CAF y pedí mi boleto para el Rookery, pero la señora me dijo “no, ese tour no lo tenemos hoy, hoy es el del Merchandise Mart, también a las 12:15; si te apuras yo creo que si alcanzas a llegar”. ¡Pues en sus marcas, listos, fuera! Me dio mi boleto, le pedí las indicaciones exactas sobre dónde encontrar al grupo (en algún momento de la historia, el Merchandise Mart fue uno de los edificios más grandes del mundo) y me arranqué a toda velocidad.

Si bien sé perfectamente dónde está el Merchandise Mart, descubrí que llegar ahí no es tan fácil. Los puentes del Río Chicago siempre te permiten cruzar al otro lado, pero eso no quiere decir que te dejarán en la calle que tú quieres. Así, crucé por el puente de la calle Dearborn, solo para descubrir que no podía acceder por ahí al Riverwalk. Así, tuve que caminar una cuadra de más hacia el norte, di vuelta en la esquina a la izquierda y al llegar a la siguiente esquina ¿qué hice? ¡Pues lo lógico!, caminé una cuadra al sur para volver al río. ¿Y luego? Pues que ahí tampoco había acceso al Riverwalk. Vamos, sí hay, pero al final hay un muro que no puedes pasar a menos que seas Hulk o Iron Man o algún otro superhéroe similar. Pues ni modo, volví a caminar una cuadra al norte y después de dos o tres intentos fallidos, logré llegar al Merchandise Mart.

Llegué un minuto antes de que comenzara el recorrido, con mis piecitos como tamal después de los 2 kilómetros de caminata a paso veloz. ¡Fiu, ya se me hacía que me lo perdía! Pero… ¿dónde están? ¡Ni un alma! Llamo a la CAF y me dicen “No, el tour del Merchandise Mart no es hoy, el de hoy es el del Rookery”. En mi refinadísimo inglés solo pude decir “ahpufdohuhbrwhaaaaaaat???!!!”. Pues sí, me chamaquearon. Así que tampoco habrá entrada sobre el Merchandise Mart.

Me quedé sentada un rato pensando qué hacer. Llegar a cualquier otro sitio de interés me tomaría entre veinte y treinta minutos, y no había comido. Entonces, prioridades, amigos, prioridades; me fui derechito a Al’s Beef a comerme un sandwichito de carne italiana con queso y pimientos dulces. Y con ello pude dejar atrás todas las peripecias del día y pensar con claridad. Tenía un cupón de descuento para visitar el museo McCormick Bridgehouse, y como desde hace mucho quería que me explicaran cómo le hicieron para invertir el sentido del flujo del río, me pareció la mejor opción para completar mi día en Chicago. Así que me terminé mi sandwichito, me limpié los bigotes de queso, me lavé las manitas porque así soy yo de limpiecita, y me encaminé al museo.

Y finalmente, ¡algo salió bien en el día! Bueno, Al’s Beef también salió muy bien, pero me refiero a que finalmente podría escribir una entrada para mi blog (aunque ahora que lo pienso, los sándwiches de Beef Italiano podrían tener su propia entrada...). Así que ya está escrito el destino: en mi próxima entrada les platicaré unas cuantas cosas sobre el Río Chicago.

Por ahora, ya me dio hambre. ¡Chao!


miércoles, 28 de agosto de 2013

Tours en Chicago




Chicago es una ciudad que tiene una gran variedad de tours y recorridos turísticos. Sin duda encontrarás aquí alguno que sea acorde a tus intereses.

Aquí te presento la primera parte de los tipos de tours que hay disponibles:

  •  Walking tours (recorridos a pie)

Existe una gran variedad de walking tours tanto por el centro de la ciudad como por los barrios aledaños como Pilsen, Evaston y Oak Park. Los precios dependen de la duración del recorrido y oscilan entre los 15 y 30 dólares. Su su duración es de una a dos horas generalmente.Su principal ventaja es que su costo es accesible y existen muchas temáticas.

También existen varios tours gastronómicos, principalmente para degustar pizzas y cervezas. Su duración aproximada es de 2 horas y el costo va desde los 40 hasta los 60 dólares e incluyen las degustaciones y propinas para los restaurantes anfitriones.

No he podido encontrar un tour en español (¡tal vez debería iniciar uno!) que esté disponible todo el tiempo. El único proveedor que he localizado con este servicio es la Fundación de Arquitectura de Chicago. Ofrecen únicamente un recorrido al mes en español, pero puedes hacer el recorrido con la audioguía cualquier día y a cualquier hora. El único requisito es que te presentes en la oficina antes de las 4 pm y devuelvas la audioguía a las 6 pm. Ciertamente no es tan divertido como tomar el recorrido con un guía de carne y hueso, pero te dará información interesante.
 
Existe además un programa fabuloso denominado Chicago Greeter y su hermano menor Instagreeter, pero ellos ameritan una entrada independiente.


  • Private Walking Tours (recorridos privados a pie)

Es un servicio similar a los recorridos a pie, pero el usuario tiene la posibilidad de elegir el horario y la duración del recorrido. Algunos guías privados incluso ofrecen flexibilidad en el precio dependiendo de las necesidades de los visitantes. La desventaja es evidentemente el costo, y que en ocasiones se deben reservar con cierta anticipación.


  • Running tours (recorridos corriendo)

Los running tours son ideales para quienes disfrutan de salir a correr cada mañana. Varían en distancia, zona y precio. Los más breves recorren una distancia de 5 kilómetros y el más largo recorre 8.5 kilómetros. Los precios oscilan entre 25 dólares para los tours de 5 kilómetros y 85 dólares para los tours personalizados.

Si disfrutas de salir a correr puede ser una excelente opción, pero tendrás que levantarte muy temprano, pues solo hay una salida al día y es a las 7 de la mañana (sábados y domingos a las 8).


  • Bike tours (recorridos en bicicleta)

Son recorridos que varían en nivel de dificultad (de muy básico hasta avanzado).  Cuestan entre 35 y 45 dólares y su duración es de 2 a 4 horas. Ofrecen diferentes zonas y temáticas, incluyendo un recorrido acerca de los gangsters,  tours nocturnos, entre otros. Existe un recorrido especial para los niños con duración de una hora y un costo de 20 dólares para los niños y 30 para los adultos. También hay algunas opciones de tours gastronómicos en los que se combina el recorrido de la ciudad con la degustación de la comida típica de la región (pizza, hotdogs, cerveza, etc.). Los precios de estos recorridos varían entre 60 y 90 dólares.

  • Segway tours

Son recorridos de dos a tres horas en los que cada participante se transporta por medio de un segway. Tienen recorridos por diversas zonas y con temáticas diferentes como la arquitectura, los gangsters y las puestas de sol. Su costo oscila entre los 60 y los 80 dólares. Existe también un recorrido de una hora de duración, cuyo costo al día de hoy es de 39 dólares. 


  • Bus tours (recorridos en autobus o autocar)

Te permiten conocer la ciudad desde la comodidad de un autobús con aire acondicionado o calefacción, en compañía de un guía. Existen de diversas temáticas como tours de gangsters, arquitectura, suburbios, barrios de Obama, películas, ir de compras a los outlets, entre otros.  Su duración es de 2 a 5 horas y el costo oscila entre 27 y 70 dólares.

También existe la posibilidad de contratar tours privados, pero esto es conveniente solo cuando se viaja con un grupo grande, pues el costo puede ser bastante elevado.

  • Boat tours (recorridos en barco)

¡Un clásico de Chicago! Desafortunadamente es un tour de temporada, por lo que no te será posible tomarlo si nos visitas en invierno. Generalmente operan de principios de abril a finales de octubre, con excepción del recorrido de lujo que opera todo el año.

Hay tres modalidades distintas:

·         Lanchas que van a alta velocidad por el lago: su duración es de 30 minutos a una hora y cuestan de 25 a 35 dólares. ¡Sin duda es la mejor forma de ver la línea de la ciudad!

·         Tour por el río: son parte de la oferta de la CAF por lo que su enfoque es la arquitectura. Son recorridos de una hora de duración y su costo aproximado es de 40 dólares. Salen barquitos cada media hora desde las 9 de la mañana hasta las 7:30 de la noche.

·         Tours con comida o cena: Es un lujoso paseo de dos  tres horas por el lago que incluye comida o cena estilo buffet, música jazz en vivo, pista de baile y otras tantas monerías. Su costo va de aproximadamente 70 dolares (comida) a 150 (cena) dependiendo del día de la semanao si hay espectáculo de fuegos artificiales. También hay un “Sunday Brunch” (que se puede definir como un desayuno con tintes de comida) cuyo costo es de 90 dólares. Cabe destacar que hay que reservar un dinerito adicional para pagar las bebidas ya que, con excepción de bebidas sin alcohol en el crucero de la cena, las bebidas no están incluidas.

  • Hop on Hop Off

En este tour adquieres un boleto que es válido por uno o tres días consecutivos a partir del día de la compra y puedes hacer uso ilimitado del servicio durante este tiempo.

 Es una excelente opción si visitas la ciudad en verano cuando el tiempo máximo de espera es de 10 a 15 minutos y hay recorridos hacia los barrios de la ciudad y un recorrido nocturno.  En temporada baja pierde un poco el atractivo, pues los autobuses pasan cada 30 minutos, no hay recorrido nocturno ni paseos a los barrios.

Hay dos compañías que los ofrecen:

- Chicago Trolley & Double Decker: (al día de hoy) oferta el tour por $45 dólares, es válido tres días y te ofrece además descuentos para algunas de las atracciones de la ciudad. Si compras tu boleto por internet con mínimo 24 horas de anticipación, recibes 10% de descuento (¡nota que tiene que ser un día antes!)

- Grayline: oferta el tour de un día por 30 dólares y el de dos días por $35  El concepto es el mismo que Chicago Trolley, si tienes solamente un día o dos para visitar la ciudad, esta puede ser tu mejor opción.


  • Helicopter tours (recorridos en helicóptero)

Esta opción cuesta alrededor de $200 dólares por persona por un recorrido de media hora. Los helicópteros salen del aeropuerto de Midway a partir del as 9 de la mañana y hasta las 12 de la noche.

Antes de comprar, asegúrate de revisar la página de Groupon, pues a menudo encuntras cupones para tomar el recorrido a mitad de precio, o dos personas por el precio de uno. Aquí te dejo un ejemplo de una promoción que hubo hace poco: http://www.groupon.com/deals/chicago-helicopter-express-1.

  • Balloon Tour (recorridos en globo)

Sí, también tienes la posibilidad de tomar un recorrido en globo aerostático. El recorrido dura al rededor de tres horas, puedes elegir ver el amanecer o el atardecer, y su costo es de $200 dólares por persona.  Obviamente, deberás encomendarte a todos los santos que conozcas para que el clima no arruine tus planes.


Pues éste es el resumen de las alternativas que tienes para conocer la ciudad con un guía a tu lado. Mi intención es simplemente darte la información general para que vayas planeando tus actividades y presupuestos para tu viaje. Ten presente que esta es la información vigente hasta octubre de 2013. ¡Felices viajes!