viernes, 11 de octubre de 2013

Un día en la vida de Marce...



En esta entrada no les platicaré nada interesante de Chicago, solo un recuento de las cosas “raras” que a veces me pasan, aunque en ocasiones parecen ser más la norma que la excepción, y que a menudo tienden a divertir a mis amigos. La relevancia con  mi blog es que explica cómo elegí el tema de la próxima entrada. Aquí va.

Ayer era una mañana cualquiera de octubre, me levanté más temprano de lo esperado y cuando mi amorcito corazón (que también es mi amable chofer) me dijo que quería irse más temprano de lo habitual a trabajar, vi una excelente oportunidad de visitar el Museo de la Ciencia e Industria de Chicago. He querido visitar este museo desde hace casi cuatro años, pero queda al sur de la ciudad y sin auto me toma cerca de dos horas llegar hasta allá. Así que ahora que saldría en el tren de las 8:30 en vez del tren habitual de las 9:30 tenía una excelente oportunidad. ¡Yupi!

Salimos con el tiempo justo pero suficiente para alcanzar el tren. Astutamente evadimos la zona de construcción de la avenida principal para evitar retrasos. Salimos a la segunda avenida principal creyéndonos los amos y maestros de los atajos, solo para descubrir que la construcción seguía más allá de lo que habíamos calculado. En fin, llegué cinco minutos tarde a la estación y ahora tenía que matar casi una hora hasta que llegara el siguiente tren. Adiós Museo de la Industria (y su respectiva entrada en este blog).

Como buena curiosa que soy, se me ocurrió ir a la biblioteca. Llegué felizmente y después de enojarme con la puerta por no abrirse automáticamente, me di cuenta de que no era una puerta grosera, sino que la biblioteca todavía no abría. Me senté tranquilamente en una banquita a esperar casi veinte minutos.

Finalmente, la biblioteca abrió y me recibió con la sorpresa de que no tenían el DVD yo que quería. Me quedé bobeando de todas formas hasta que llegó la hora de volver a la estación.

Caminé de regreso y cuando estaba ya a unos pasitos de la estación, escuché las campanitas de que el tren estaba llegando y dije “¡wow, qué precisión la mía!”. La sonrisa se me esfumó cuando recordé que era un día laboral, que la taquilla sí estaba abierta y que si no compraba mi boleto en la estación tendría que pagar tres dólares de multa por subirme al tren sin boleto. ¡Demonios! Ni modo, córrele a la taquilla ¿y para qué? Para encontrarme con que el cajero no estaba en su lugar. Bonito momento para ir al baño o por su cafecito o qué sé yo. Ni modo, tuve 55 minutos para comprar el boleto y me acordé cuando me quedaba un minuto. Igual, el taquillero tuvo 55 minutos para ir al baño pero no, tenía que espera hasta que yo tuviera prisa por comprar mi boletito. Un día en la vida de Marce…

Pues bien, me multaron y ni modo, al menos ya iba en el tren. Entonces saqué mi adorable juguetito nuevo (una bonita Tablet con 4G que me hace creerme la "muy muy") y me puse a revisar los recorridos de la Fundación de Arquitectura. Mi plan original (antes de improvisar lo del museo) era tomar un recorrido con ellos a las 11 am, pero ¡oh sorpresa!, no lo encontré en la página. Probablemente me había confundido de día, pero no importaba porque había un recorrido del Rookery (uno de mis edificios favoritos) a las 12:15. Sí, ¡mi siguiente entrada del blog sería sobre el Rookery!

Me fui a la CAF y pedí mi boleto para el Rookery, pero la señora me dijo “no, ese tour no lo tenemos hoy, hoy es el del Merchandise Mart, también a las 12:15; si te apuras yo creo que si alcanzas a llegar”. ¡Pues en sus marcas, listos, fuera! Me dio mi boleto, le pedí las indicaciones exactas sobre dónde encontrar al grupo (en algún momento de la historia, el Merchandise Mart fue uno de los edificios más grandes del mundo) y me arranqué a toda velocidad.

Si bien sé perfectamente dónde está el Merchandise Mart, descubrí que llegar ahí no es tan fácil. Los puentes del Río Chicago siempre te permiten cruzar al otro lado, pero eso no quiere decir que te dejarán en la calle que tú quieres. Así, crucé por el puente de la calle Dearborn, solo para descubrir que no podía acceder por ahí al Riverwalk. Así, tuve que caminar una cuadra de más hacia el norte, di vuelta en la esquina a la izquierda y al llegar a la siguiente esquina ¿qué hice? ¡Pues lo lógico!, caminé una cuadra al sur para volver al río. ¿Y luego? Pues que ahí tampoco había acceso al Riverwalk. Vamos, sí hay, pero al final hay un muro que no puedes pasar a menos que seas Hulk o Iron Man o algún otro superhéroe similar. Pues ni modo, volví a caminar una cuadra al norte y después de dos o tres intentos fallidos, logré llegar al Merchandise Mart.

Llegué un minuto antes de que comenzara el recorrido, con mis piecitos como tamal después de los 2 kilómetros de caminata a paso veloz. ¡Fiu, ya se me hacía que me lo perdía! Pero… ¿dónde están? ¡Ni un alma! Llamo a la CAF y me dicen “No, el tour del Merchandise Mart no es hoy, el de hoy es el del Rookery”. En mi refinadísimo inglés solo pude decir “ahpufdohuhbrwhaaaaaaat???!!!”. Pues sí, me chamaquearon. Así que tampoco habrá entrada sobre el Merchandise Mart.

Me quedé sentada un rato pensando qué hacer. Llegar a cualquier otro sitio de interés me tomaría entre veinte y treinta minutos, y no había comido. Entonces, prioridades, amigos, prioridades; me fui derechito a Al’s Beef a comerme un sandwichito de carne italiana con queso y pimientos dulces. Y con ello pude dejar atrás todas las peripecias del día y pensar con claridad. Tenía un cupón de descuento para visitar el museo McCormick Bridgehouse, y como desde hace mucho quería que me explicaran cómo le hicieron para invertir el sentido del flujo del río, me pareció la mejor opción para completar mi día en Chicago. Así que me terminé mi sandwichito, me limpié los bigotes de queso, me lavé las manitas porque así soy yo de limpiecita, y me encaminé al museo.

Y finalmente, ¡algo salió bien en el día! Bueno, Al’s Beef también salió muy bien, pero me refiero a que finalmente podría escribir una entrada para mi blog (aunque ahora que lo pienso, los sándwiches de Beef Italiano podrían tener su propia entrada...). Así que ya está escrito el destino: en mi próxima entrada les platicaré unas cuantas cosas sobre el Río Chicago.

Por ahora, ya me dio hambre. ¡Chao!


1 comentario:

  1. Vaya! qué aventura. No dudo que como resultado de todo ésto ya has de conocer la ciudad muchísimo mejor.

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